«Me he hecho vegana y no sé qué comer»

Los comienzos nunca son fáciles, y hacerse vegano o vegana puede significar todo un reto a la hora de cocinar y comer. Es cierto que para mí no fue excesivamente complicado, ya que antes del veganismo, era vegetariana, y además de eso, nunca he tenido problemas con los alimentos vegetales. A diferencia de otros niños, cuando era pequeña me encantaban, sobre todo, las legumbres, y también las verduras, aunque algunas de ellas me generaban cierto rechazo, como la coliflor o los pimientos crudos, y ahora me encantan. También es verdad que creía que lo sabía todo sobre el mundo vegetal, pero al dar el paso al veganismo descubrí muchísimos alimentos que antes no había probado y que ahora no faltan en mi cocina. Pero sé que esta no es la situación de todas las personas que se hacen veganas, y muchas de ellas dirán «no sé qué comer», e incluso otras directamente dicen «nunca podría ser vegano porque no me gustan las verduras» o «porque no podría dejar el queso o el jamón». Pero dejadme que os diga que lo más difícil del veganismo no tiene nada que ver con esto.

Si te acabas de hacer vegano o vegana o estás pensando en hacerlo pero con ciertas dudas sobre cómo va a ser tu alimentación, quizá te vendrá bien conocer ciertos productos o ciertas formas de comer los alimentos, más allá de lo que has hecho toda la vida. Toma nota.

6 Aspectos a tener en cuenta a la hora de dar el paso al veganismo

  1. Hay otras formas de comer legumbres. Seguramente te dirán o ya te han dicho que si eres vegano te faltarán las proteínas. Pero es totalmente falso que la carne sea la única fuente de proteínas, ya que estas están presentes en los vegetales y es muy difícil desarrollar carencias de este tipo. Una de las fuentes de proteína vegetal son las legumbres. Yo las como todos los días, pero hay otras formas de hacerlo que no sean el clásico plato de cuchara (que también está muy bien y que no necesita chorizo para estar delicioso). Hay diferentes legumbres que puedes incluir en tu dieta sin necesidad de repetir a lo largo de una semana entera: lentejas, garbanzos, alubias, soja, guisantes; y todos los derivados de estas, como el tofu o el hummus o productos elaborados a partir de legumbres, como hamburguesas, albóndigas o una boloñesa. También puedes consumirlas como acompañamiento, en ensaladas o en fajitas.
  2. En nuestra salsa. Cuando eres vegano descubres que hay muchas salsas que ya no quieres consumir porque llevan algún ingrediente de origen animal, como la mayonesa, que se hace con huevo; o algunas mostazas, que llevan miel; y aunque ciertas salsas no deberían llevar dichos ingredientes, muchas industriales sí los llevan, y reconozco que yo me he confundido en alguna ocasión estando segura de que una salsa era vegana y descubrir que no lo era después de haberla comprado. También es cierto que algunas salsas que suenan a carne no llevan ningún ingrediente de origen animal, como algunas barbacoas o chimichurri. Con esto, pasa un poco como con las patatas fritas de jamón de bolsa, pues muchas de ellas son veganas, mientras que otras frituras no lo son. Por otra parte, puedes elaborar tus propias salsas, como una carbonara con leche de coco, una salsa rosa de remolacha o cualquiera que se te ocurra con todas las especias que tenemos a nuestra disposición. Personalmente, nunca había probado tanta variedad de salsas y condimentos en general como en los últimos años, desde que soy vegana.
  3. Prueba alternativas. Hay tres tipos de productos vegetales alternativos a sus homólogos de origen animal: los que tratan, si éxito, de parecerse a la carne; los que intentan parecerse a la carne y lo consiguen; y los que no tienen ninguna intención de parecerse a la carne en cuanto a sabor. En mi caso, reconozco que estos últimos me suelen gustar más que los anteriores, ya que muchas veces el sabor es tan parecido al cárnico que me produce cierto rechazo. Pero yo soy una persona a la que nunca le ha encantado la carne, y puede que a otros veganos les gustase más y quieran rememorar un sabor concreto, y aquí hay para todos los gustos. Te recomiendo que pruebes diferentes sustitutos vegetales, y eso que a mí todavía me faltan muchos por probar, como los que imitan el pescaso, ya que no me llaman la atención, pero los acabaré probando. Algunos te gustarán y otros no, pero te harán la vida mucho más fácil, aunque estos productos sean de consumo ocasional. Puedes, incluso, elaborar tus propios «filetes» o carnes vegetales en casa, con productos como el seitán, un aliado en muchas recetas.
  4. Ábrete al mundo de los lácteos vegetales. Siempre digo que si tomé leche hasta los 19 años fue porque antes de eso no había probado leches vegetales. Y sí, cuando haces el cambio de desayunar leche de vaca a desayunar leche de soja, es raro, pero después no querrás volver atrás. Es verdad que la primera leche vegetal que tomé fue la de Vivesoy, porque era la única que vendían en mi pueblo (a día de hoy solo venden esta y dos más), y eso hizo que mi primera experiencia con los desayunos veganos no fuera la más agradable, porque esta marca es de las pocas que no me han gustado (y no soy la única vegana a la que le pasa). Por eso, te recomiendo que empieces probando cualquier otra, aunque sea de marca blanca. Sirven para lo mismo que la leche de vaca y tienen mucho más sabor. Y como con las leches vegetales, prueba también otros lácteos veganos, como quesos o yogures de diferentes marcas. Teniendo estos productos a nuestra disposición, ¿por qué seguir consumiendo leche o queso de vaca?
  5. ¿Y los dulces? Con la bollería, galletas, cereales industriales y todo tipo de dulces no siempre es fácil encontrar versiones veganas. Recuerdo que cuando me inicié en el veganismo me pasé un buen rato en un supermercado buscando galletas veganas, y todas aquellas con las que me topaba contenían huevo o lácteos, incluso en la sección ecológica o dietética, que es donde muchas veces se incluyen los alimentos veganos. Ahora es mucho más fácil, aunque no perdemos nada por no consumir estos productos y con la bollería sigue siendo difícil, a menos que acudas a tiendas especializadas. Si eres fan del chocolate, puedes seguir comiéndolo, eso sí, negro y no con leche, aunque también existen con leche vegetal. Hay diferentes porcentajes, en función de lo dulce que lo quieras. Y el chocolate a la taza puedes seguir haciéndolo con leches vegetales y acompañado de churros, que normalmente son veganos (pero asegúrate, por si acaso). Si te gusta hacer tartas, el agar-agar es el sustituto perfecto para la gelatina, es muy fácil trabajar con él y obtendrás increíbles resultados.
  6. Todo un descubrimiento. El veganismo es todo un descubrimiento, y aunque te encontrarás con gente que no te comprenda, a nivel personal es muy gratificante comer tan delicioso sin matar a ningún animal. Y es que cuando des el paso descubrirás muchísimos alimentos que antes no conocías, y en muchos casos nuestra dieta se convierte en más variada. Por ejemplo, yo cuando me hice vegana descubrí el sirope de agave y otros endulzantes más allá del azúcar (que también es vegana, y cambiarla por un sustituto no siempre es más sano, pero ahí están las alternativas para probarlas); probé por primera vez la salsa de soja, el tahini, la crema de cacahuete, el tofu, el seitán, y hasta los anacardos. Productos vegetales de por sí que siempre habían estado ahí y que antes desconocía o no me había fijado en ellos.

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