La matanza no es una fiesta

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Criar un cerdo o varios durante un año, engordarlos y matarlos de la forma más atroz se considera una fiesta en muchos pueblos españoles y otras partes del mundo. Antiguamente, esta era una manera de disponer de carne durante los siguientes 365 días, hasta el momento de la siguiente matanza, porque siempre se ha dicho que «del cerdo se aprovecha todo». Hoy es otra tradición más sin sentido, y por supuesto, un claro ejemplo de maltrato animal.

Aunque cada vez es menos habitual, todavía en muchos municipios se hacen matanzas, y es precisamente en esta época del año cuando comienzan a realizarse. Una de las tantas escenas de maltrato animal que he presenciado en mi vida fue una matanza. La hacían mis tíos y me invitaron porque lo consideraban una celebración en la que se reunía toda la familia. No quiero dar demasiados detalles porque es algo muy duro, pero aún recuerdo cómo varios hombres sacaban a la fuerza a los pobres animales de la cuadra donde vivían y los cerdos trataban de resistirse sin éxito. Después la tortura siguió, y sus gritos eran ensordecedores. En los años sucesivos, mis tíos volvieron a invitarme, pero yo jamás volví, aunque desde mi casa podía escuchar esos gritos. Algunas veces, trataba de poner música muy alta para no oírlos. En otras ocasiones, he pasado por calles de mi pueblo por las que corrían ríos de sangre, o he podido ver a los cerdos ya muertos colgados. Aún me sorprende cuando veo, en redes sociales, fotos de matanzas que publican personas conocidas, y me pregunto cómo pueden participar en algo tan cruel y ser tan insensibles a ello que incluso hacen fotos para que todo el mundo lo vea como su fuera una hazaña.

Con este tema me sucede lo mismo que con la tauromaquia. Lo siento, no puedo entenderlo. Así como comprendo que la gente coma carne del supermercado porque es totalmente ajena a las horribles condiciones en las que han vivido y muerto esos animales, no entiendo esa falta de sensibilidad hacia cerdos con los que ha convivido durante un año (aunque muchas veces, realmente no conviven con ellos, simplemente se limitan a darles de comer y beber, como hacían mis tíos). Hay personas que pueden llegar a la conclusión de que es preferible comer un animal que conocen, que saben cómo ha vivido y cómo ha sido alimentado, antes que uno que procede de una granja industrial. Sinceramente, para mí las dos maneras son injustas, porque no hay forma justa ni humana de asesinar.

Aturdimiento

Hace varios días, publiqué el tweet que veis a continuación, y rápidamente aparecieron personas que vinieron a negarme lo que menciono.

Lo que la mayoría de comentarios negaban era la parte de «sin ningún tipo de control veterinario«. Hubo personas que me dijeron que esto era falso, que en Europa eso no ocurre o que a día de hoy en toda matanza casera hay controles veterinarios. Incluso uno de los comentarios, que misteriosamente ha desaparecido, afirmaba que a lo largo de la vida y muerte del cerdo debían ser varios los controles. Este comentario, eso sí, era muy respetuoso, a diferencia de otras ocasiones en las que lo único que se les ocurre a ciertos internautas es subir una foto de un chuletón, y de hecho, pienso que la persona que me lo hizo trataba de tener un debate sano, o al menos, presentar su punto de vista sin herir sensibilidades.

Tras esta pequeña polémica que se gestó en mi perfil de Twitter, reconozco que quizá me pasé poniendo «la gran mayoría«, en lugar de «muchas veces» o algo similar, porque quizá los controles sanitarios en matanzas son más frecuentes de lo que yo pensaba o la realidad no se corresponde con lo que yo he visto. Porque en ninguna de las matanzas de las que he tenido constancia he visto a ningún veterinario, y de hecho, he escuchado conversaciones en las que se decía claramente que no se iban a llevar muestras para analizar. Por eso, lo que sí puedo afirmar es que aún hay familias que se saltan este paso, sobre todo en matanzas caseras, porque en las que se hacen en la plaza del pueblo a modo de fiesta es diferente. Esto tampoco tiene que ver, necesariamente, con el momento actual, pues mi madre siempre ha contado que mis abuelos llevaban partes del cerdo al veterinario para analizarlas. Y hablo de hace medio siglo.

Cuando comienza la época de matanzas, las administraciones suelen lanzar campañas en las que recuerdan el cumplimiento de la normativa: controles veterinarios y aturdimiento obligatorio. Sin embargo, es evidente que no en todos los casos se cumple, y prueba de ello son los casos de triquinosis que aparecen, de manera más o menos frecuente, en personas que han comido carne de cerdo o de jabalí.

Y si hablamos del aturdimiento, creo que lo de no cumplir la normativa está aún más extendido. En muchos pueblos, hay familias que también se saltan este paso, quizá por desconocimiento, quizá por pasotismo, o quizá porque saben que no va a ir ninguna autoridad a vigilar las matanzas. Al final, todo queda en casa.

No quiero que esto se vea como un ataque a esas familias que todavía hoy siguen haciendo matanzas. Son personas con las que me cruzo día a día, que toda su vida han visto el asesinato del cerdo cada mes de noviembre, y que incluso siguen viéndolo como una necesidad, a pesar de que actualmente es totalmente innecesario. Más que una necesidad, pienso que si continúan haciéndose esas matanzas es por costumbre, por esa visión que se tiene de esa fecha terrible para el cerdo como una fiesta, y porque hay quienes se aferran a no dejar morir las tradiciones, aunque esas tradiciones crueles estén ya cayendo por su propio peso, porque la sociedad ha evolucionado, y en este caso, también influye el hecho de tener supermercados en los que la carne es barata y ahorra el trabajo de criar, alimentar y matar a un animal.

Sin embargo, para mí ningún modelo es mejor que otro. No hay que escoger entre asesinar a un cerdo en casa o pagar a otros porque lo hagan en un matadero. Y no hay que escoger porque no necesitamos comer la carne de un animal que quería vivir para sobrevivir nosotros. Porque podemos alimentarnos y a la vez respetar a los demás animales, sin hacerles daño.

Go Vegan.

10 responses to “La matanza no es una fiesta”

  1. […] con respecto a su trato, que ya de por sí es una normativa que aboga por el maltrato. También hay matanzas ilegales (por parte de ganaderos o particulares) en muchos pueblos de las que todo el mundo sabe […]

  2. […] se escuchan los gritos ensordecedores de cerdos muriendo desangrados sin aturdimiento durante la matanza? ¿O donde la industria cárnica y láctea ven el escenario perfecto para sus macrogranjas? Todo […]

  3. […] seguramente, muchos de nuestros abuelos criaban cerdos para hacer la matanza, o pollos, o cabritos, o terneros. Pero el consumo de la carne de estos animales no era, ni mucho […]

  4. […] carne, leche o huevos; también iba a encierros taurinos por presión familiar, o a alguna que otra matanza en el pueblo; y era la más feliz del mundo cuando un circo con animales llegaba al pequeño […]

  5. […] donde se llama «fiesta nacional» a matar toros en una plaza o todavía se llama «fiesta» a la matanza. también podríamos preguntarnos qué pintan los camellos y dromedarios en las cabalgatas. ¿Somos […]

  6. […] asistentes se divierten viendo cómo se tortura en directo a un animal. O como esas fiestas de la matanza que todavía tienen lugar en algunos pueblos. Decir no a las tradiciones […]

  7. […] Para algunos habitantes de las Islas Feroe, la matanza de cetáceos es cultura, tanto que es un motivo recurrente en su literatura, música y arte, así como algunos españoles consideran cultura algo tan cruel como la tauromaquia o la matanza. […]

  8. […] se podrá tener un periquito o el ya repetido bulo de que no se podrá matar a una rata o hacer una matanza. Ojalá hubiéramos llegado a ese punto, pero esta ley queda muy lejos de eso, para la tranquilidad […]

  9. […] también hay cuadras oscuras y pocilgas en las que los animales no ven la luz del sol, y que las matanzas son especialmente crueles. Pero al margen de esto, no puedes justificar tu consumo de carne de […]

  10. […] «A todo cerdo le llega su San Martín». Puede que hayas escuchado esta frase en numerosas ocasiones, una frase tan antigua como la tradición a la que hace referencia: la matanza del cerdo, que en tiempos pasados solía celebrarse alrededor del 11 de noviembre, día de San Martín. Es a partir de esa fecha cuando todavía se siguen practicando matanzas en muchos pueblos. Algunas familias no dejan pasar ese San Martín, otras prolongan hasta enero la vida de los cerdos, pero su final es el mismo: el asesinato del animal con un cuchillo (con o sin aturdimiento, pese a ser esto último ilegal) rodeado de personas que consideran que eso es una fiesta. […]

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