Productos que parecen veganos pero no lo son

Las apariencias engañan. También en el mundo del veganismo. Y es que es normal que las personas no veganas y que no están familiarizadas con esta filosofía no asocien, por ejemplo, una gominola o un pintalabios a un producto de origen animal. Pero todo vegano que use pintalabios y quiera comer gominolas sabe perfectamente que que debe asegurarse de que sus ingredientes son cien por cien vegetales y, en el caso de la cosmética, que no haya sido testada en animales. Sin embargo, hay cosas que se nos escapan. Hay veces que damos por sentado que algo es vegano, pero realmente no lo es. A mí me ha pasado con muchísimas cosas y a veces me he dado cuanta antes de comprarlas, pero en otras ocasiones, me he venido con ellas a casa y cuando he mirado la lista de ingredientes ya era demasiado tarde.

Ahora que es cada vez más frecuente encontrar alimentos veganos en los supermercados, algunas marcas han optado por fabricar versiones veggies de productos que tradicionalmente no lo eran. Realmente, lo ideal sería que continuasen vendiendo el producto de siempre, pero cambiando los ingredientes, ya que así dejarían de contribuir al sufrimiento y la explotación animal. Pero todavía estamos lejos de eso, y hay quienes siguen asociando la palabra «vegano» con la palabra «caro«, cosa que no es real; o quienes siguen teniendo prejuicios por el hecho de que en un envase ponga «vegan», así que bienvenidas sean esas versiones veggies. Y aunque existan dichos prejuicios, lo cierto es que ver que en ese envase pone «vegan» nos facilita mucho la vida a las personas que hemos excluido el maltrato animal de nuestra alimentación.

Pese a ello, hay alimentos que todavía no contienen esa etiqueta, y es por ello que personas como yo nos pasamos horas en el supermercado mirando todos y cada uno de los ingredientes de aquello que nos interesa comprar (reconozco que yo también lo hago en tiendas veganas, por simple curiosidad y para no perder la costumbre). Aun así, a veces damos por hecho que algo es vegano cuando no lo es, como me ha pasado a mí con estos productos:

  • Margarina. Teóricamente, la diferencia entre la mantequilla y la margarina es que la primera es de origen lácteo y la segunda se hace a partir de aceites vegetales. Sabiendo esto, cuando me hice vegana pensaba que no tendría ningún problema a la hora de comprar este producto, simplemente compraría margarina en lugar de mantequilla. Pero al final no fue tan fácil, ya que muchas margarinas contienen también algún derivado lácteo entre sus ingredientes, así que en aquel momento, hace seis años, solo podía comprar una o dos de todas las que había en esa sección del super. Por suerte, ahora han salido más opciones de margarinas (e incluso mantequillas) veganas, con la diferencia de que son más caras que aquellas dos opciones que yo podía comprar hace seis años, que por supuesto, eran accidentalmente veganas.
  • Patatas fritas. ¿Quién iba a pensar que las patatas fritas no son veganas? A mí no se me hubiese pasado por la cabeza hasta que me puse a curiosear los ingredientes de las bolsas de patatas del supermercado y descubrí que muchas de ellas contienen lácteos. ¿De verdad es necesario añadir suero lácteo a unas patatas fritas? Me parece algo absurdo, e incluso perjudicial para las marcas, que haciéndolas veganas podrían llegar a un mayor número de personas. Paradójicamente, muchas patatas fritas sabor jamón o sabor bacon sí son veganas, demostrando, una vez más que no es necesario provocar sufrimiento para obtener un sabor.
  • Mostaza. Quizá haya quienes siempre hayan asociado la mostaza con la miel, puesto que es un ingrediente bastante frecuente en la elaboración de este producto. No es mi caso, yo jamás hubiese pensado que la mostaza contenía miel, hasta que un día descubrí que mi favorita sí la tenía entre sus ingredientes. Lo que hice fue cambiar de marca, ya que también las hay sin miel y con el mismo sabor.
  • Obleas. En mi casa, las empanadillas son una receta que ha acompañado nuestras cenas desde hace años. Mi madre las hace con atún, pero a mí se me ocurrió veganizarlas con un relleno cien por cien vegetal. Sin embargo, me resultó imposible hacer unas empanadillas veganas porque descubrí que las obleas para elaborarlas (las únicas que venden en mi pueblo) contenían manteca de cerdo. En este caso, tuve que rebuscar un poco más para dar con unas obleas veganas. La manteca de cerdo, por desgracia, también está presente en muchos postres y dulces, sobre todo los navideños.

Hay otros productos que también me han dado algún que otro quebradero de cabeza cuando me hice vegana porque todas las marcas que encontraba utilizaban leche o huevos. Es el caso de las galletas. Recuerdo, en mis comienzos como vegana, mirar una por una todas las galletas del supermercado y encontrar tan solo unas veganas. Ahora es más fácil, pero creo que el porcentaje de galletas cien por cien vegetales sigue siendo minoritario en esta sección tan amplia de cualquier tienda de alimentación convencional. Y si hablamos de postres, ya ni siquiera busco uno vegano en este tipo de establecimientos porque sé que no lo voy a encontrar más que en tiendas veganas.

También las bebidas alcohólicas me generan dudas las pocas veces que las consumo, pues en el proceso de elaboración se utilizan elementos de origen animal. Las mismas dudas que me genera, por ejemplo, un boli o una brocha a la hora de comprarlos, porque sí, hay bolígrafos y pinceles que no son veganos.

Photo by cottonbro on Pexels.com

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