Un paseo en un carruaje tirado por caballos o un paseo en camello, un viaje en barco junto a los delfines, una foto con un primate o un espectáculo con tigres o elefantes. Son algunas de las experiencias que se ofrecen en muchos países para turistas deseosos de sumergirse en la tradición del lugar donde se encuentran, sin pensar que hay animales sufriendo por ello. Esto no solo es algo que los visitantes se encuentran una vez que ya están en su destino turístico, sino que a veces incluso se ofrece desde las propias agencias de viajes.
De vez en cuando, aparecen en los medios de comunicación noticias sobre caballos muertos tras horas sin comer ni beber agua en ciudades con altas temperaturas o sobre turistas irresponsables heridos por haberse acercado demasiado a un animal salvaje para hacerse un selfie, una irresponsabilidad que casi siempre acaban pagando los animales.
El pasado verano, las autoridades noruegas decidieron acabar con la vida de una morsa llamada Freya por considerarla un peligro para los turistas. Más recientemente, decenas de rayas murieron tras haber sido mutiladas por decisión de las autoridades mexicanas para evitar accidentes con visitantes.
En abril, un caballo utilizado para tirar de un carruaje turístico murió en Malta tras chocar contra un autobús. Situaciones similares han sucedido en algunas ciudades españolas, e incluso en Nueva York.
Cada vez son más las voces que se alzan contra la explotación animal para el turismo, pero sigue habiendo turistas irresponsables o simplemente desconocedores de la realidad, al igual que sigue existiendo todo un negocio en torno al uso de animales para entretener a los visitantes, a pesar de que la mayoría de las veces hay alternativas. Por ejemplo, se podrían sustituir los carruajes con caballos por vehículos eléctricos, decisión que ya ha sido aprobada en lugares como Mallorca.
Porque los animales no son experiencias turísticas. Y porque no necesitas hacerte una foto con un macaco para tus redes sociales ni subirte en una calesa para dar una vuelta por una ciudad histórica.
El turismo no puede pasar por el uso de otros animales para nuestro disfrute. El turismo debe ser respetuoso con el lugar de destino y con sus habitantes, independientemente de la especie a la que pertenezcan. Si vas a aceptar cualquier oferta que no cumpla con estas premisas, mejor quédate en casa.
Literalmente, cuando pagas por un billete en barco donde te ofrecen observar a los delfines, estás pagando por molestar a los cetáceos. Cuando pagas por un selfie con un primate estás pagando para que alguien mantenga a ese animal encerrado o encadenado la mayor parte del tiempo. Cuando pagas por un paseo a caballo en elefante estás pagando por la explotación y sufrimiento de estos animales de por vida, y no solo eso, sino que estás dando por hecho, aunque sea de forma inconsciente, que los animales son medios de transporte, y no lo son.
Puede que sea tentador tener un contacto tan cercano con animales que te causan curiosidad o que no tienes costumbre de ver habitualmente. Pero tu interés jamás debe perjudicar a otro ser sintiente. Por favor, viaja de forma respetuosa con los animales, infórmate mucho antes de aceptar ciertas ofertas y si quieres invertir tu dinero en algo relacionado con estos, busca proyectos éticos dentro de la ciudad o país al que viajas para colaborar.


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