La explotación animal es, en todas sus vertientes, una muestra de la creencia de superioridad y dominio del ser humano con respecto a otras especies. Si bien existen diferentes grados de sufrimiento que los humanos provocan en otros animales, ninguna de las formas de explotación es aceptable desde el punto de vista ético. Pero tal vez hay que empezar por condenar aquellas formas de crueldad más evidentes, algo que ya hizo la escritora Ruth Harrison (1920-2000) en los años 60.
Harrison nació en Londres tan solo dos años después del final de la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Su padre fue el escritor Stephen Winsten (1893-1991) y su madre, la pintora Clara Birnberg (1894-1989). Durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), Ruth Harrison se dedicó a ayudar a las personas desplazadas, pero sobre todo es recordada en la causa animalista.
En los años 60, el sector ganadero estaba enfocado en producir mucho a precios cada vez más asequibles para la población en general. La ganadería había pasado de un modelo de granjas pequeñas o familiares a un sistema de cría industrial que supuso un empeoramiento de las condiciones de vida de los animales. Estos eran visto como máquinas de producción, algo que no ha cambiado demasiado en el ámbito ganadero actual.
En 1964, Harrison publicó Animal Machines, un libro en el que denunció las condiciones en las que se mantenía a los animales en las granjas intensivas británicas. Por primera vez, se puso al descubierto la dura realidad que sufrían los animales criados por la industria para consumo. La publicación tuvo un gran impacto en la política, en el activismo y en autores posteriores, tanto en Reino Unido como a nivel internacional. El libro se publicó en siete países y se considera el inicio del concepto de «bienestar animal».
Animal Machines llevó a la creación de una comisión (el Comité Brambell) por parte del Gobierno británico, con el fin de investigar sobre la cría industrial de animales. Entonces, ya se empezaba a debatir sobre los básicos de los que debían disponer los animales en las granjas, que giraban en torno al espacio mínimo: para darse la vuelta, tumbarse, levantarse o estirarse.
En 1967, el Gobierno británico creó el Farm Animal Welfare Council, que posteriormente formuló las cinco libertades de las que debían gozar los animales considerados de granja: vivir libres de hambre y sed; de miedo, temor o angustia; de incomodidad por las inclemencias del tiempo o por la falta de zonas adecuadas para el descanso; de dolores, lesiones o enfermedades; y que puedan mostrar sus comportamientos naturales.
Esto implicaría, por ejemplo, que los animales en las granjas deberían disponer de refugios ante el frío o el calor extremo; que sus enfermedades y lesiones deberían ser tratadas y antes de eso, prevenidas; que deberían disponer de espacio y que no deberían ser maltratados física o mentalmente. Lo cierto es que la mayoría de las granjas mantienen a los animales enjaulados o hacinados (sin espacio), que sus lesiones no son tratadas y cuando enferman acaban en el matadero en lugar de en el veterinario y que es imposible que los animales no sientan miedo cuando llegan al matadero, incluso los que proceden de granjas extensivas.
El libro sirvió de referencia al autor Peter Singer en su obra Liberación Animal (1975), que a su vez, sentó las bases del pensamiento animalista. El autor también ha declarado que gracias a Animal Machines se hizo vegetariano.
En 1986, se concedió a Ruth Harrison la Orden del Imperio Británico. La autora nos ha dejado frases como esta:
«Si una persona es cruel con un animal, se considera crueldad; pero cuando muchas personas son crueles con los animales, especialmente en nombre del comercio, la crueldad se acepta y será defendida»
Ruth Harrison
A día de hoy, el movimiento animalista considera a Ruth Harrison una de sus precedentes, y también lo es para quienes no nos consideramos bienestaristas y somos sumamente críticos con el concepto de «bienestar animal» y, sobre todo, con cómo lo está empleando la industria ganadera para lavar su imagen.
Tal es la hipocresía de la industria que incluso se ha apropiado del pensamiento de Harrison para dar a entender que cumplen a la perfección esas cinco libertades postuladas tras la publicación de su libro. El lobby ganadero tiene artículos por Internet en los que habla de Ruth Harrison como la impulsora de las prácticas actuales de la ganadería, que supuestamente garantizan el bienestar de los animales. Lo cierto es que si la escritora viviera a día de hoy, seguramente se mostraría crítica con dichas prácticas y las empresas que intentan lavar su imagen ante los consumidores.
La producción de huevos sigue procediendo, en su mayoría, de gallinas enjauladas sin espacio para moverse y los cerdos siguen naciendo en jaulas donde sus madres ni siquiera pueden darse la vuelta. Estos son solo algunos ejemplos del funcionamiento de la ganadería en la actualidad. Desde los años 60, no ha aumentado el número de granjas extensivas, sino todo lo contrario. La cría industrial o intensiva es la norma. Y ninguno de los modelos es bueno.
FUENTES CONSULTADAS
Cultura Vegana (2020). ¿Qué significa bienestar animal?
Gen V. (2022). Women’s history month: 9 women making vegan history.
Gómez, I. (2016). ¿Qué es la ciencia del bienestar animal? Vanguardia Veterinaria, 73, pp. 12-18.
Pettorali, M. (2016). Una crítica a la profesión veterinaria desde una perspectiva antiespecista. Revista de Bioética y Derecho, 37.
Vegan Posters (s.f.). Ruth Harrison.


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