Es muy probable que si preguntas a las personas de tu entorno si consumirían carne de caballo, contestarían que no. De hecho, algunas de ellas incluso se lamentarían por los caballos a los que se mata por su carne, puesto que hay quienes observan a los equinos de una forma similar a los perros o gatos (aunque después los monten, pero ese es otro tema).
Lo cierto es que el caballo es una de las especies cuya carne se considera de consumo humano, y que están presentes en los mataderos, al igual que los cerdos y las vacas. ¿Pero quién consume carne de caballo? Con una simple búsqueda en Internet, podrás darte cuenta de que en España hay criadores de estos animales cuyo negocio se basa en la venta de carne, aunque en nuestro país su consumo es minoritario comparado con el de otros animales. Eso sí, España es uno de los principales exportadores a nivel internacional, tanto de su carne como de caballos vivos para el mismo fin, con más del 15% de las explotaciones de caballos destinadas a ello que acaban consumiéndose en países donde existe una mayor tradición.
Según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación recogidos por Igualdad Animal, en 2020 llegaron a los mataderos españoles 36900 caballos para producción de carne. 2020 fue el año de la pandemia, que vino acompañada de su correspondiente crisis. Quienes se dedican al rescate de equinos saben bien que en las épocas de crisis aumenta el número de caballos a los que acogen, pero también la cifra de estos animales en mataderos, ante las dificultades económicas que atraviesan sus propietarios para mantenerlos, aunque su objetivo inicial cuando compraron un caballo no era destinarlo a producción de carne, sino tener una «mascota» con la que salir a pasear montados sus lomos.
A los mataderos llegan caballos de todas las edades. Lo más habitual es que las explotaciones los envíen cuando tienen entre uno y dos años de edad, aunque también mandan a la muerte a potros de seis meses.
En España, la carne de caballo suele generar rechazo social, pero los productores no dejan de promoverla. Por eso, con otra simple búsqueda en Internet te toparás con varios artículos que te hablarán de los beneficios de la carne de caballo para la salud. Y es que si este producto es bueno o malo es un tema que genera debate, tal vez por las incontables polémicas relacionadas con la salud pública que han afectado a granjas de caballos de distintos países.
Maltrato animal
Estas no son las únicas controversias en las que se han visto envueltas los criadores de caballos. El trato que reciben los animales también ha dado pie a polémicas, algunas de las más sonadas en países como Canadá, donde son habituales las imágenes de caballos en pastos cubiertos de nieve. En este país, organizaciones en defensa de los animales reclaman desde hace años la prohibición de la producción de carne de caballo.
Canadá, así como México, también son países receptores de caballos para producir carne que llegan procedentes de Estados Unidos, donde sí existen limitaciones más estrictas, a través de subastas en las que se han encontrado animales en pésimas condiciones en corrales y en los vehículos donde son transportados, tal como detalla un artículo publicado en marzo en National Geographic. Lo más cruel es que muchos de estos caballos proceden del mundo del espectáculo o de la hípica, de donde son desechados cuando alguien considera que ya no sirven, pese a que desde estos sectores se suele afirmar que los animales «son amados y bien tratados».
Estas subastas de caballos mueven mucho dinero, pues los compradores venden poco después a los caballos por un beneficio mucho mayor a lo que invirtieron. Por supuesto, estas personas no se caracterizan por su preocupación por el bienestar animal, y son numerosas las imágenes de caballos hambrientos, heridos o enfermos a partir del momento en el que son subastados. Su estado de salud empeora aún más durante su transporte al matadero.
Pese a ello, la carne de caballo tampoco es un plato habitual en las mesas de los norteamericanos, y esta suele exportarse a algunos países europeos y asiáticos por millones de dólares cada año.
Pero independientemente de que se trate de un producto más o menos consumido, matar caballos en mataderos no es diferente de matar cerdos, vacas, corderos o pollos. La única peculiaridad en el primer hecho es que muchos de los equinos son criados como animales «de compañía», «de competición» o para otros servicios que nada tienen que ver con la industria alimentaria, aunque acaban formando parte de ella cuando sus propietarios, muchos de los cuales se hacen llamar «amantes de los caballos», se cansan de ellos, sin darse cuenta de que no es posible desechar una vida como si de un objeto se tratara.


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