La mayoría de los países en los que en algún momento de la historia ha existido algún tipo de tauromaquia la prohibieron en el siglo XIX. En otros casos, estas tradiciones han ido desapareciendo con la propia evolución de la humanidad. Los siete estados donde aún se sigue practicando (España, Portugal, Francia, México, Perú, Ecuador y Venezuela) vamos con al menos un siglo y medio de retraso. Colombia dio en 2024 un gran paso al prohibir las corridas de toros, aunque persisten otros festejos taurinos.
En nuestros vecinos europeos, más allá de Francia y Portugal, también existió la tauromaquia en el pasado. Un pasado del que la población actual no se siente orgullosa. Hablamos hoy del caso de Reino Unido y sus crueles espectáculos con toros desde la época medieval.
Aunque el uso de bóvidos como entretenimiento tuvo muchas variantes, la práctica más conocida en Inglaterra fue el bull-baiting, que apareció entre los siglos XII y XIII. Estos espectáculos consistían en atar a un toro y soltar a varios perros, a la vez o de uno en uno y previamente entrenados, para atacarlo e inmovilizarlo aún más de lo que lo hacía su atadura. Los toros acababan con múltiples mordiscos, principalmente en la cara. También se les ponía a menudo pimienta en la nariz para que la molestia generada aumentara su respuesta contra los perros.
Fue este el origen de lo que hoy conocemos como «perros de pelea», que no son más que razas seleccionadas genéticamente para que muestren una apariencia o comportamiento de agresividad tras un entrenamiento previo, cruel como las propias peleas. Estos canes no solo eran utilizados para atacar a toros, sino también a osos (bear-baiting), a los que en ocasiones se cegaba; o incluso a ratas (ratting), si bien el bull-baiting fue más frecuente porque prácticas como esta acabaron diezmando las poblaciones de osos, que tenían que ser importados a precios muy altos. También se organizaban espectáculos parecidos sin perros, pero con equinos sobre cuyos lomos se amarraba a un primate o actos típicamente taurinos como encierros en los que la multitud perseguía a un bóvido armada con todo tipo de objetos para hacerle daño hasta que el animal quedaba exhausto.
Casi todas las ciudades inglesas contaban con arenas parecidas a plazas de toros en las que tenían lugar estos espectáculos. A ellos asistían personas de todas las clases sociales, desde el pueblo hasta la realeza, que en algunos momentos fomentó esta forma de maltrato animal y organizó sus propios eventos. En ellos se apostaban enormes sumas de dinero, lo que acabó convirtiendo el bull-baiting y actos similares en un negocio en el que también tenían lugar robos, como lo son hoy en día las peleas de gallos, prohibidas en numerosos países y que, por cierto, también tenían lugar en esta época. Los gallos eran propiedad de personas pudientes, pero personas de distintas clases sociales acudían a las peleas para verlas y apostar.
¿Era esta una forma de tomar el pelo al pueblo? Sí, como también lo era el bull-baiting, que durante el Renacimiento inglés fue una forma de entretener a las masas que le venía muy bien a la monarquía para evitar que pensaran. Para evitar la desobediencia.
Y así nos encontramos en un siglo XVI en el que se popularizaron las peleas de perros con toros o con osos. Estas se celebraban con motivo de festividades, del carnaval, de ferias, de elecciones de representantes públicos, o sin motivo alguno, y congregaban a multitudes que acudían a ver a un bóvido o a un oso aterrorizado y acorralado por perros.
Este fue el siglo en el que se construyó la Beargarden de Londres, una especie de plaza de toros con elementos arquitectónicos de los teatros de la época destinada a espectáculos de bear-baiting y bull-baiting, que estuvo operativa hasta la Restauración del siglo XVII. Su último espectáculo tuvo como víctima a un caballo, en 1682. También existieron otras arenas en la capital londinense, incluso de iniciativa privada con claro ánimo de lucro.

Época isabelina
A María I la sucedió en el trono su hermanastra, Isabel I (1533-1603), cuyo reinado es conocido por el florecimiento del denominado «teatro isabelino» y la destacada figura de William Shakespeare (1564-1616). Siempre se ha mencionado el gusto de la reina Isabel por el teatro, pero poco se ha hablado de que fue también una gran patrocinadora del bull-baiting y prácticas similares, consideradas «deportes con animales», aunque poco tenían de deporte.

Isabel I exigió la inclusión de eventos de bull-baiting en distintas festividades. Existen registros de su asistencia, en 1575, a un espectáculo de bear-baiting con 13 osos criados específicamente para este fin; y en 1559, organizó uno de estos actos para la recepción del embajador francés y su séquito.
Pero el teatro competía con estos eventos en popularidad, hasta el punto de que se promulgó una ley que prohibía la apertura de los teatros los jueves para evitar que los llamados «deportes con animales» perdieran espectadores en 1591.
El teatro de la época también daba cuenta de la existencia de estas prácticas crueles. En la obra de Shakespeare aparecen algunas referencias. Es así en Macbeth, que contiene alguna metáfora sobre los osos; o Las alegres comadres de Windsor, que nombra directamente a uno de los osos cuyos nombres trascendieron, Sackerson. También se hicieron lamentablemente famosos osos como Ned Whiting, Harry Hunks o Blind Bess, cuyos nombres contienen apodos referentes a lo que se les hacía en estas peleas.
Uno de los funcionarios de la corte isabelina, Rober Laneham, llegó a describir el bear-baiting como «un deporte muy agradable de ver», para a continuación detallar lo sangriento del proceso. Y es que los osos podían acabar muertos en estos espectáculos, aunque se trataba de que no fuera a sí para explotarlos al máximo en otros eventos, ya que su importación era cara. Los perros también podían morir, y de hecho, que esto ocurriera con uno o varios individuos marcaba el final del acto.
Tras la era isabelina
El sucesor de Isabel I, Jacobo I (1566-1625), no perdió el gusto por este tipo de espectáculos sangrientos, y se dice que incluso organizó peleas con osos polares o leones pertenecientes a la colección de animales de la Torre de Londres, que además de ser utilizada como prisión en esta época, fue durante siglos un zoológico perteneciente a la realeza.
Sin embargo, este tipo de espectáculos con animales empezaron a perder popularidad poco a poco desde finales del siglo XVII, e incluso llegaron a prohibirse durante la Revolución Inglesa (1642-1688).
Lo que sí empezó a desarrollarse con más fuerza ya en el siglo XVIII fueron las peleas de perros y la creación de razas para este fin, como el bull terrier, el bulldog o el pitbull, cuyos rasgos se consideraba les permitían ser más agresivos o aguantar mejor los ataques.

Un documento fechado en 1795 explica cómo los toros eran hostigados durante aproximadamente una hora. Los perros acababan con graves heridas, e incluso mutilaciones, que también afectaban a los toros casi siempre en las orejas. A veces una jauría de 20 o 30 canes se enfrentaban a un solo toro que intentaba cornearlos para librarse de los ataques, mientras estos le mordían. Los bóvidos acababan ensangrentados, pero existía la creencia de que la mordedura ablandaba la carne que después se consumía. Podemos imaginar que los entrenamientos a los que se sometía a los perros eran de semejante tortura, con más ensañamiento aún contra toros jóvenes con menos fuerza que los adultos.
Pese a que existe constancia de que los toros que morían eran utilizados como alimento, ya entonces se justificaban estos eventos como «humanitarios» porque los bóvidos que no perdían la vida seguían siendo usados y no eran sacrificados tan rápido. También se excusaban en que «trataban bien» a los perros. ¿Te suena de algo?
Estos eventos también se cobraron la vida de algunas personas, casi siempre corneadas.
Leyes y fin de los espectáculos
En el siglo XIX, se adoptaron diferentes normas de protección animal y aparecieron las primeras sociedades dedicadas a esta, aunque seguía existiendo el bull-baiting, en espectáculos donde el alcohol se repartía por doquier. En algunas ciudades los perros llegaron a causar el pánico porque eran soltados cuando no estaban siendo utilizados para atacar a toros, e incluso se ordenó disparar a todos los canes en las calles en localidades como Bilston. En otras ciudades, en la década de 1820 se celebraron los últimos actos de bull-baiting.
En 1822, se promulgó una ley contra el trato cruel a los animales considerados «ganado», y en ella se ampararon muchos municipios ingleses para dejar de organizar espectáculos de bull-baiting y similares. Ese mismo año, el periódico Lichfield Mercury, informó del último bull-baiting que tuvo lugar en la ciudad de Lichfield y describió cómo el bóvido fue apaleado por hombres y atacado por perros hasta que logró huir, pero fue nuevamente capturado y hostigado. Llegó a matar a dos canes antes de ser sacrificado.
En 1824, se fundó la Sociedad Protectora de Animales, que más adelante, en 1840, se convertiría en Real Sociedad gracias al apoyo de la reina Victoria (1819-1901). En sus inicios, esta asociación dedicó buena parte de sus esfuerzos a luchar contra los festejos populares con animales. En el mismo siglo estaban naciendo entidades similares en otros países, y en la mayoría de los estados se prohibió la tauromaquia.
En 1827, el periódico Aris Birmingham Gazette daba cuenta de una multa impuesta a cinco hombres por la celebración de un evento de este tipo, que finalmente acabaron en un correccional durante tres meses por no haber pagado.
Otros periódicos revelaban la falta de apoyo de la opinión pública al bull-baiting. En 1832, el Stafford Advertiser culpó a un evento de esta índole de haber desencadenado una epidemia de cólera en Bilston, que se extendió a otros municipios. El mismo diario criticó la tortura a un toro en la localidad de Rowley Regis, donde un terrateniente ató al animal en su finca para que los visitantes entrenaran a sus perros a cambio de dinero. Luego vendió al bóvido para seguir siendo utilizado como blanco de entrenamiento para canes.
Oficialmente, el bull-baiting y el bear-baiting se prohibieron en 1835, con la aprobación de una ley contra la crueldad hacia los animales que hace referencia explícita al maltrato a toros, osos y perros, aunque no prohíbe las peleas entre estos últimos. Toda forma de tauromaquia pasó a ser ilegal en el país desde entonces, aunque estos espectáculos siguieron celebrándose en algunos lugares de manera clandestina.
El bear-baiting sigue siendo legal y se practica en algunas provincias de Pakistán y en el estado de Carolina del Sur (aunque en 2013 dejaron de expedirse licencias para la tenencia de osos y seis de ellos fueron trasladados a un santuario en Colorado). También se practica de forma ilegal en otras zonas de Estados Unidos, fruto del colonialismo británico. Como en las peleas de gallos, mandan las apuestas y el dinero. El negocio. Los osos sufren horriblemente, ya que no solo son sometidos a mordiscos, sino que también se les quitan las garras y algunas de sus piezas dentales, normalmente sin anestesia. Las peleas pueden durar horas, y pueden utilizarse decenas de perros contra un solo oso que sufre heridas terribles, sobre todo en la cara. En la variedad pakistaní pueden utilizarse varios osos, que acaban muriendo por las lesiones provocadas o por las condiciones de vida en cautividad. Los perros también son sacrificados cuando no se consideran útiles.
Lo cierto es que estos espectáculos, como la tauromaquia, son repudiados por una mayoría social. En Reino Unido dejaron de existir hace exactamente 190 años. Eso sí, el mundo de la tauromaquia no pierde la ocasión de tratar de exportar, sin demasiado éxito, lo que consideran su «cultura» desde España a través de distintas vías. Hace casi dos siglos dejamos de relacionar a los británicos con los espectáculos crueles. En España, no podremos evitar que se nos relacione con las corridas de toros hasta que no sean prohibidas.
Imagen de cabecera: ‘Bull-baiting’, por el pintor Julius Caesar Ibbetson, alrededor de 1817.
FUENTES CONSULTADAS Y ARTÍCULOS RELACIONADOS
Andrews, E. (2023). The Gruesome Blood Sports of Shakespearean England. History.
Bear Conservation (s.f.). Bear baiting.
La Zona Veggie (2022). Historia: peleas de perros.
Lockley, M. (2023). How the West Midlands was last bastion for bloodthirsty bull baiting. Shropshire Star.
Montagut, M. (2023). Los inicios históricos de la protección de los animales. Nueva Tribuna.


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