Los peces no son elementos decorativos

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En diciembre de 2022, el acuario cilíndrico más grande del mundo, ubicado en el interior del Hotel Radisson Collection de Berlín, explotó con más de 1500 peces en su interior. Hubo dos personas heridas leves y el hotel sufrió daños importantes, pero absolutamente ningún medio de comunicación hizo referencia a las más de 1500 vidas que la explosión se había llevado por delante. Realmente, no sabemos si todos murieron o si algunos pudieron salvarse, o qué pasó con estos últimos si así fue. Casi tres años después, desconocemos prácticamente todo sobre esos peces, aunque sí sabemos que estos animales son seres sintientes. Ningún medio reflexionó tampoco sobre qué hacían 1500 peces tropicales en un hotel de Berlín. Tal vez si lo hubieran hecho habrían llegado a la conclusión de que la causa de su tragedia no fue la explosión del acuario, sino la estupidez humana.

Hace algo más de una década, unas cabinas telefónicas en desuso en Osaka (Japón) fueron reconvertidas en acuarios repletos de carpas doradas, que atrajeron tanto a los viandantes como a los medios de comunicación de todo el mundo que siguieron haciéndose eco de la noticia incluso años después, y siempre con las mismas imágenes, como si el tiempo se hubiera detenido y los peces siguieran allí, algo que tampoco sabemos.

Paradójicamente, los medios hablaron de las cabinas-acuarios como «una metáfora del paso del tiempo«, en referencia a la obsolescencia de esas instalaciones que siguen viéndose en ciudades de todo el mundo y que nos recuerdan un tiempo que ya pasó en esta era tecnológica tan cambiante en la que se supone que vamos progresando. ¿Pero qué paso del tiempo y qué progreso se ha producido con respecto a nuestra consideración con los otros animales, a los que vemos como objetos desde hace miles de años, cuando comenzaron las primeras domesticaciones?

También hay algo de especismo en todo esto. Nos parecería fatal confinar a perros o gatos en espacios inutilizados solo por «embellecer el paisaje», crear «arte», un «contraste entre lo viejo y lo nuevo», una «atracción turística» o «un hábitat estético» (desde el ojo antropocentrista, por supuesto). Términos, todos ellos, que los medios utilizaron para definir este nuevo «uso» de las cabinas en Osaka.

Olvidaron que hablamos de animales vivos confinados en una instalación sin escapatoria, rodeados de luces artificiales y de las miradas de personas que no tardarían en cansarse de su contemplación. Nadie se preguntó qué pasaría después con esos peces, cuando los acuarios dejaran de ser novedad.

A principios del siglo XXI, las cabinas telefónicas perdieron todo su protagonismo, ante la popularización de los teléfonos móviles, que han ido ganando peso en la vida de las personas hasta casi desbancar al uso de ordenadores para realizar búsquedas en Internet y otras tareas. Con los teléfonos móviles, hemos presenciado atónitas la promoción de fundas para móviles con pequeños peces y otros animales vivos en su interior.

Por fortuna, no es habitual ver este tipo de fundas en nuestro día a día, y a veces se quedan en simples vídeos de TikTok que ojalá no fueran más que ficción o fruto de alguna inteligencia artificial. Más comunes son todavía las visitas a acuarios, que son zoológicos de animales acuáticos, en los que peces de diferentes especies se mantienen confinados para la contemplación de los visitantes.

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Y mucho más habituales aún son las peceras en nuestras casas. No sabemos cuántos peces son víctimas de esta realidad. Las leyes que restringen la venta de animales en la mayoría de los países se olvidan de los peces, que se comercializan en tiendas desde los que son transportados en bolsas de un pequeño acuario a otro más grande o aún más pequeño en una casa cuando son comprados, como la típica y frágil pecera redonda de cristal. A veces también adornan bares y restaurantes, u otro tipo de establecimientos públicos.

Como no sabemos prácticamente nada sobre los peces, es fácil adivinar el destino de muchos de los que son comprados en tiendas: errores al cambiar el agua, alimentación inadecuada, limpieza deficiente…, y finalmente, el pez muerto en el retrete o en la basura. Porque eso es lo que hacemos con los elementos decorativos que se rompen, desecharlos.

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2 responses to “Los peces no son elementos decorativos”

  1. […] señala que «la tenencia de peces en una pecera dentro de un local de ocio nocturno no es un elemento decorativo inocuo: estamos hablando de seres sintientes que sienten dolor, estrés y sufrimiento cuando se les […]

  2. […] ignorancia es muy atrevida o estamos más disociados de lo que creía. Partiendo de la base de que ningún pez debería estar en una pecera, ¿alguien cree de verdad que una discoteca es un lugar adecuado para cualquier animal no […]

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