Peces, pescado y contaminación

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En los últimos años, nos hemos acostumbrado a ver imágenes en los telediarios de muertes masivas de peces en ríos y mares, que no por haberse vuelto comunes dejan de ser impactantes. Recientemente, las costas gallegas se han llenado de pequeñas bolas blancas que no son otra cosa que microplásticos procedentes de los contenedores que transportaba un barco en aguas portuguesas, lo que ha generado cierta alarma por el grave problema medioambiental que supone y por la posibilidad de que lleguen a nuestros platos peces que han ingerido estos elementos.

La contaminación en los ecosistemas acuáticos es una realidad, y si nos preocupan los peces como individuos, debemos abordar esta cuestión porque les afecta directamente. Pero en caso de que sigas viendo a los peces como comida, lo que comúnmente se denomina «pescado», es importante que sepas que esto también te afecta a ti.

Los océanos están repletos de microplásticos desde hace décadas, concretamente desde la masificación de los utensilios de plástico a partir de mediados del siglo XX. En contacto con el agua marina, se unen químicamente a metales y otros compuestos contaminantes que son ingeridos por peces de diferentes especies y tamaños. Así, los grandes depredadores marinos acaban comiendo esos microplásticos cuando capturan a sus presas que los han ingerido previamente, y los humanos también, cuando consumen pescado, sin olvidarnos de los animales considerados de compañía que comen pienso compuesto de pescado.

Se estima que cada año acaban en los océanos unos diez millones de toneladas de plástico que no solo pueden intoxicar o provocar patologías digestivas o de otra índole a los peces cuando se lo comen, sino que también les provoca enredos que dificultan sus movimientos, e incluso les pueden provocar la muerte por asfixia y otras causas o graves lesiones.

La mayor parte del plástico presente en los océanos procede, por cierto, de las artes de pesca, que también pueden afectar a las aves. Tal vez no te preocupen los peces como individuos, puede que no empatices con ellos y priorices su sabor al sufrimiento que les provoca la actividad pesquera, pero si te preocupa al menos un poco el medio ambiente, no tienes motivos para defender la pesca.

Tampoco los tienes para defender la ganadería. Y es que los vertidos procedentes de esta industria son una de las principales causas de la contaminación del agua dulce, que por supuesto, también afecta a los peces. A ello se añade el cambio climático, la construcción de presas que modifican su cauce, y cómo no, nuestro ya conocido plástico. Los datos son alarmantes: casi el 80% de las especies de peces de agua dulce han visto sus poblaciones disminuidas desde los años 70.

Una de las especies más afectadas por este descenso es el salmón, que pasa buena parte de su vida en agua dulce. Sin embargo, este es uno de los pescados más comunes en los supermercados y en las mesas de mucha gente, si bien suele proceder de criaderos que, como no podía ser de otra manera, también suponen un desastre medioambiental allí donde se construyen.

Mercurio

No importa el lugar del mundo del que procedan los contaminantes que acaban en los ríos y mares. Los peces que los ingieren pueden acabar en los platos de personas del otro lado del planeta.

Además de plásticos, el mercurio es otro de los compuestos que más inquietan a los expertos. Cuando este metal pesado entra en contacto con el agua, la acción de las bacterias da lugar a su forma más tóxica, que pasa a los peces cuando lo ingieren, y después a sus depredadores, que lo van acumulando a lo largo de su vida. Instituciones y organizaciones ya han alertado del riesgo de la ingesta de mercurio por el consumo de pescado.

Se estima que entre tres y 15 millones de europeos tienen niveles de mercurio que sobrepasan los límites, y que algunas personas incluso los superan hasta en diez veces, según datos recogidos por Ecologistas en Acción. Este metal pesado puede afectar al desarrollo del sistema nervioso central, y los niños y mujeres en edad fértil, embarazadas o en período de lactancia son los grupos de población más vulnerables.

El mercurio presente en los océanos puede proceder de causas naturales, pero sobre todo de la actividad humana, como la química y la combustión de carbón.

Entre las especies más intoxicadas por mercurio se encuentran los grandes depredadores marinos, como el tiburón, el pez espada o el atún. También afecta al mero, la perca gigante, el pez sable, el lucio, etc., y se ha encontrado en cantidades más bajas en anchoas, bacalao, berberechos, caballas, calamares, camarones, cangrejos, sepias, merluzas, salmones o truchas.

La buena noticia es que podemos obtener proteínas y omega 3 de fuentes vegetales. No necesitamos comer peces. Tampoco necesitamos pescarlos o capturarlos en su hábitat, ni seguir contaminándolo.

2 respuestas a «Peces, pescado y contaminación»

  1. […] alejados de los ecosistemas acuáticos que no tenemos ni idea de lo contaminados que están y el impacto que ello tiene en los individuos que lo […]

  2. […] tóxicos, aunque puestos a hablar de ellos, podemos informar de que ningún pez está a salvo de la contaminación, ni en ríos, ni en océanos; ni en la naturaleza, ni en la piscifactoría. La diferencia es que a […]

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