Las décadas de 1970 y 1980 fueron especialmente trágicas para las orcas. Durante más de diez años, las capturas de estos cetáceos en el Atlántico Norte, motivadas por la demanda de los delfinarios que las entrenaban para entretener al público que pagaba la entrada y financiaba el negocio, acabaron con la libertad de decenas de animales.
En particular, las orcas de las costas de Islandia fueron las que más sufrieron esta persecución. Los cetáceos acababan, principalmente, en acuarios de Estados Unidos o Canadá, aunque también en países europeos, asiáticos o de América del Sur, como Francia, Japón o Brasil, respectivamente. Algunas fueron después trasladadas a otros estados, como México, Hong Kong o Suiza.
Las autoridades islandesas, en lugar de poner freno a las capturas, pensaron que era buena idea obtener beneficio económico de ellas. De hecho, quienes llevaban a cabo el secuestro de los animales solían ser ciudadanos islandeses que acudían a las zonas que estos frecuentaban y se aprovechaban de que no escapaban ante la presencia de seres humanos. Las capturas se realizaban con redes en las que quedaban atrapados varios miembros del grupo, aunque casi siempre se deseaban únicamente las crías o ejemplares jóvenes (menores de dos años), pues se consideraban más fáciles de manejar en los entrenamientos. Por tanto, el resto del grupo era devuelto al mar.
Al principio, se mantenía a los animales en espacios acondicionados en puertos islandeses. Más adelante, a partir de 1979, fue un zoológico llamado Hafnarfjörður el que se encargó de esta tarea durante el periodo anterior a que fueran trasladados en avión al país de destino.
59 víctimas
Durante el periodo comprendido entre 1976 y 1989, fueron capturadas y separadas de sus familias un total de 59 orcas en las costas de Islandia. Tres de ellas fueron liberadas antes de dejar atrás el océano, otras dos fueron liberadas después de unos días en el puerto y tres se liberaron tras unos meses en el acuario de Hafnarfjörður. En este mismo centro, murieron otros tres ejemplares, dos a causa del mal acondicionamiento del agua y otra por unas lesiones en el cuello cuyo origen no está claro.
Sin embargo, ya a mediados de los años 70, la captura de orcas causaba polémica entre la población canadiense y estadounidense, y los parques marinos comenzaron a plantearse la explotación de otras especies.
Por su parte, los partidarios de las capturas las defendían argumentando que todas las acciones estaban supervisadas por veterinarios, que se garantizaba la seguridad de las orcas o que no se maltrataba a los animales, a pesar de que privarlos de libertad y mantenerlos durante su larga vida en tanques minúsculos es un claro ejemplo de maltrato.
En octubre de 1989, tuvo lugar la última captura de orcas en Islandia, que se saldó con el secuestro de cuatro crías.
¿Quiénes son las orcas capturadas en Islandia?
Una de las orcas capturadas en estos años en Islandia fue Kiska, que ha muerto recientemente en el parque Marineland de Canadá. En total, 20 de las 55 orcas que actualmente se encuentran en parques marinos o acuarios de todo el mundo proceden de las costas islandesas (solo tres de este origen siguen vivas) o de progenitores capturados en estas (un total de 17 que han nacido en cautividad). Los parques marinos también han cruzado orcas islandesas con orcas procedentes de otras poblaciones.
Stella es una de las orcas que fue capturada en Islandia y a día de hoy sigue viva. Es explotada en el acuario del puerto de Nagoya (Japón). Su captura se produjo en 1987.
Otra de estas orcas es Katina, capturada en 1978, que hoy vive en el SeaWorld de Orlando (Estados Unidos).
El otro ejemplar, tal vez una de las orcas más famosas del mundo, es Ulises, que fue capturado en 1980. Fue utilizado como reclamo durante años en el zoo de Barcelona y hoy vive en el SeaWorld de San Diego.
Hace más de 40 años comenzó esta horrible persecución a las orcas, con el único fin de usarlas como entretenimiento. Compradas y vendidas de nuevo entre zoológicos y acuarios como si de objetos se tratara. Separadas para siempre de sus familias y privadas de la libertad de nadar en el océano para pasar a vivir en una piscina. Hoy no se capturan orcas en las costas islandesas, pero mientras los parques marinos sigan criando animales en cautividad, la explotación seguirá perpetuándose y el recuerdo de aquellas capturas se mantendrá presente.
FUENTES CONSULTADAS
O’Barry, H. (2023). The dark era of orca captures in Iceland. Dolphin Project.


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