La caza y otras actividades letales para los delfines

La caza y otras actividades letales para los delfines

En septiembre de 2021, el mundo entero reaccionaba a una terrible matanza de delfines en las Islas Feroe, cuyos defensores llaman tradición. Las víctimas, un total de 1428 individuos, nada más y nada menos. Más recientemente, comenzaba en Japón la caza anual de Taiji, que continúa hasta marzo y que acabará con la vida de casi 2000 delfines. En Japón, por cierto, también lo llaman tradición.

Pero como en tantas otras formas de maltrato animal, la tradición no es más que un término en el que escudarse para esconder otros intereses. En concreto, la venta de carne o la captura de animales para encerrarlos en parques marinos, delfinarios o acuarios son algunos de ellos, a pesar de que algunas personas se empeñen en afirmar que todos los cetáceos en cautividad se han criado en ese cautiverio y que ya no se capturan animales en libertad para utilizarlos en espectáculos, si bien es cierto que en Europa o Estados Unidos no se permite la importación de estos.

Las formas como se asesina a los delfines son extremadamente crueles, acorralándolos hasta aguas de poca profundidad, impidiendo el paso a mar abierto o hiriendo a alguno de los miembros del grupo para atraer al resto, pues estos animales no abandonan a un compañero herido. Para ello, se utilizan diferentes objetos punzantes que provocan que los cetáceos se desangren. En cacerías como la de Taiji, existen incluso mataderos donde estos son degollados. Posteriormente, su carne a veces se vende como carne de ballena, pues la de delfín es poco consumida en Japón, al estar altamente contaminada por mercurio y otros componentes.

Este tipo de matanzas trasladan al mundo imágenes que a nadie le gusta ver, de mares teñidos del rojo de la sangre de las víctimas, y que a veces los propios pescadores tratan de impedir que se difundan porque saben que la aceptación de estas masacres es nula. Y es que puede que las cacerías de delfines en muchas partes del mundo existan desde hace siglos, pero eso no justifica que tengan que seguir produciéndose cada año. Tal vez en el pasado los pobladores locales se alimentaban de la carne de estos animales, pero actualmente, estas matanzas obedecen más a motivaciones económicas que a la supervivencia. Y por mucho que en algunos lugares se inventen unos artilugios y se prohíban otros para que el sufrimiento sea menor o se regule este tipo de caza, ello no la hace menos cruenta.

Además, tradiciones como estas no dejan de tener un componente machista. Casi siempre son hombres quienes matan a los animales, como en todos los tipos de caza. En las Islas Feroe, es tradicional que las mujeres miren mientras los hombres asesinan a los cetáceos.

Otras amenazas para los delfines

El océano esconde algunos peligros para los delfines y otros animales marinos. Sin embargo, la principal amenaza a la que estos se enfrentan no habita en las profundidades marinas: es el ser humano. A las cruentas cacerías que acabamos de mencionar se une la pesca. No es habitual encontrar carne de delfín en las pescaderías. Este no es el objetivo de los pescadores que realizan su actividad en el mar, pero sí son capturados, en muchas ocasiones, por artes de pesca de forma accidental, al igual que otras especies marinas. Otro motivo más para no comer peces.

También supone una amenaza para los delfines la construcción de ciertas infraestructuras en el mar, como las hidroeléctricas, que pueden llegar a separar los grupos en los que conviven. A esto se añade la contaminación que afecta, por nuestra culpa, a los ecosistemas acuáticos, que puede llevar a estos animales a la ingesta de algunos metales y otras sustancias que los ponen en peligro, ya sea de forma directa o tras comer peces que los habían ingerido. La comida, por cierto, también se ha reducido para estos animales a causa del cambio climático, como no, provocado por el ser humano.

Otro tipo de contaminación cuyo impacto en los delfines y otros cetáceos hay que mencionar es la acústica. Los sonidos asociados a los motores de los barcos, a la extracción de petróleo u otras actividades pueden llegar a desorientar a estos animales, o a provocarles daños auditivos.

Actualmente, diferentes especies de delfines se encuentran en peligro de extinción, y los parques marinos a veces se venden como la solución a este problema. Pero nuevamente, detrás de estos no hay más que intereses económicos y mucho sufrimiento. De esto en España sabemos bastante. Somos el país con más delfinarios de la Unión Europea.

Imagen de zaharovandnikol en Pixabay

La existencia de estos lugares solo invita a que se sigan capturando cetáceos en libertad, lo que tal vez está prohibido en muchos países, pero sigue haciéndose en otros. El negocio de la venta de delfines a dichos parques se une al negocio de los absurdos espectáculos en los que familias enteras pagan por ver a los animales haciendo piruetas o haciendo girar una pelota.

Pero en el momento en el que se cobra una entrada, los animales dejan de ser lo principal y cualquier programa de cría para, supuestamente, evitar la extinción pierde todo el sentido. Además, los delfines en cautividad no pueden desarrollar sus comportamientos naturales, disponen tan solo de un estanque cuando podrían tener todo un océano a su disposición y es absolutamente egoísta seguir perpetuando esta realidad. Pensar que son felices es tan solo una muestra de nuestra ignorancia.

Más información

AnimaNaturalis

Delfín de Héctor

Dolphin Project

El Confidencial

Océanos de Vida Libre

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