Víctimas humanas, víctimas no humanas

Un toro en una corrida, víctimas humanas y no humanas

Este verano, los medios de comunicación no han dejado de publicar noticias acerca de personas que han fallecido o han resultado heridas en festejos taurinos. En realidad, esto ocurre todos los años. Los encierros no son esas jornadas alegres con toros y hombres corriendo por las calles de un pueblo o por el campo en un ambiente festivo. Además de estresante para los toros, acaba igualmente con la muerte de estos, ya sea en una plaza esa misma tarde o en el matadero, pues la ley obliga a ello. Pero también conlleva un riesgo para los humanos. Y es que los toros son animales pacíficos cuyo comportamiento violento es muy raro, a diferencia de lo que quieren vender los taurinos, pero cuando se sienten atacados es normal que reaccionen defendiéndose.  

Y cuando ocurre una tragedia, rápidamente los medios de comunicación corren para ser los primeros en hacerse eco. Se olvidan siempre, por cierto, de las víctimas no humanas, que son muchas más. Pero en vista de que los animales no importan demasiado (prueba de ello es que los ayuntamientos siguen organizando festejos taurinos en sus celebraciones populares), este tipo de tragedias con víctimas humanas debería ser el estímulo para dejar, de una vez, que estos espectáculos pasen a formar parte del pasado. La realidad es que ni siquiera así esto sucede. Los ayuntamientos siguen celebrando estas horribles fiestas para contentar a unos pocos, la tauromaquia sigue recibiendo subvenciones y los participantes al poco tiempo se olvidan de que este tipo de sucesos podría repetirse en cualquier momento. 

Nuestra sociedad, además, es especista, por lo que es difícil imaginar que si quienes organizan esos festejos no toman medidas para evitar tragedias que afectan a humanos (fundamentalmente, dejar de celebrarlos de una vez), poco les importan los animales maltratados, torturados y asesinados, que son muchos más.  

Cazadores, licencias de armas y cotos de caza

Pero no solo la tauromaquia se cobra víctimas humanas, además de animales. También lo hacen otras manifestaciones de la explotación animal, como la caza. Recordemos que los cazadores son personas que portan armas. Armas que no solo utilizan, en muchas ocasiones, para asesinar corzos o jabalíes. Las víctimas de la caza también son senderistas, ciclistas o personas que simplemente querían dar un paseo por el campo. A veces también lo son sus compañeros no humanos, o agentes de la Guardia Civil. O las propias mujeres de los cazadores. No son pocas las víctimas de violencia machista que han muerto a causa de una de esas malditas escopetas.

Sin embargo, obtener una licencia de armas para cazar en este país es un trámite muy sencillo, y la cifra de víctimas, seguramente mayor de la que se contabiliza porque no se cuentan los sucesos que no han ocurrido en el desarrollo de la actividad cinegética, no ha cambiado el hecho de que más del 80% del territorio español siga siendo coto de caza. En definitiva, algunos nos quedaremos en casa los sábados por la mañana porque salir al campo pondría en peligro nuestra vida.

Otras actividades

La explotación animal, en general, no está exenta de víctimas humanas que se suman a la larga lista de víctimas no humanas. Además de la tauromaquia o la caza, ha habido tragedias en otros ámbitos como en circos, parques marinos o zoológicos. En algunos casos, los que han pasado a la historia han sido los animales por el duro castigo que se les asignó, como el que sufrió la elefanta Topsy en 1903, tras haber acabado con la vida de algunos empleados del parque donde la retenían.

Estos hechos no son cosa del pasado. Un caso más reciente es el de la orca Tilikum en el SeaWorld de Orlando (Estados Unidos), que causó la muerte de dos entrenadoras y un visitante, y no precisamente porque el animal fuera agresivo por naturaleza, sino por las terribles condiciones en las que son mantenidos en estos centros. O mejor dicho, cárceles. Su historia aparece reflejada en el documental Blackfish (2013).

Podríamos seguir citando ejemplos históricos o recientes. No importa. En cualquier caso, se trata de tragedias que podrían haberse evitado fácilmente si no explotásemos a los animales. Si no nos creyéramos superiores. Una cualidad que dista bastante de corresponderse con el ser humano. El mismo que no aprende de lo sucedido a pesar de que los hechos se repitan una y otra vez. Las víctimas humanas tenían nombre. Topsy o Tilikum también, pero la mayoría de las víctimas no humanas no lo tienen. Nadie se acuerda de ellas. ¿Llegará el día en el que empiecen a importar o seguirá siendo más importante el negocio de la tauromaquia, de la caza, de los circos o de los zoológicos?

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