Cinco razones para replantearse el consumo de huevos

Cinco razones para replantearse en consumo de huevos

Es curioso que cuando alguien navega por Internet en busca de información sobre las gallinas, lo primero que se encuentra son páginas de granjas. Ecológicas, camperas, da igual. Todas se venden como lugares idílicos donde las gallinas son felices y ponen muchos huevos, lo cual todo el mundo asocia con algo positivo.

Nadie se plantea que poner 300 huevos al año no es normal para ningún ave. «Cuantos más huevos, mejor», afirmarán quienes se lucran de este negocio y quienes los compran pensando con nostalgia en esas tortillas de su abuela en el pueblo, o en que estos productos son lo más natural del mundo. O en que las gallinas ponen huevos para nosotros, una creencia que se nos transmite desde el colegio y que muchas personas siguen teniendo de adultas.

Y hoy vamos a desmontar alguna que otra creencia más sobre las gallinas y sus huevos. Estas son solo cinco de las cientos de razones que podríamos dar para replantearse el consumo de huevos.

1. Menos de dos años de vida

Las gallinas pueden alcanzar los diez años de vida. Sin embargo, solo producen huevos de forma frecuente los dos primeros años. Después, la puesta se reduce considerablemente, y ningún granjero quiere mantener a cientos de gallinas que no le producen ningún beneficio económico, por lo que a los dos años o antes, estas gallinas son asesinadas y sustituidas por otras que serán mantenidas el mismo período de tiempo.

Su carne no suele comercializarse como un pollo asado, unos muslos o unas alitas, pero sí podemos encontrarla, por ejemplo, en los alimentos para perros y gatos que venden en las tiendas de animales o en otros productos derivados cárnicos.

Por cierto, las gallinas de la vecina del pueblo también proceden de esta industria. Y nuestra vecina, que sabe perfectamente que solo pondrán un huevo al día durante unos dos años, ya está pensando en comerse para esta Navidad a esas que llama viejas, sin serlo, por haber alcanzado esa edad y cambiarlas por otras para el Año Nuevo.

2. Hacinamiento

La mayoría de las granjas de gallinas son intensivas, lo que significa que las aves viven en jaulas durante esos dos años que son explotadas por sus huevos, hacinadas junto a otras gallinas. En esas jaulas, apenas disponen de espacio para moverse o para extender sus alas. Tampoco pueden picotear la hierba que tanto les gusta. Ni siquiera ven el sol. Solo esa horrible luz artificial con la que el granjero espera una mayor producción de huevos.

En el caso de las gallinas criadas en suelo, las jaulas desaparecen, pero el hacinamiento y la luz artificial siguen siendo su día a día.

Cualquiera que haya visto a esas gallinas del pueblo que tanto idealizamos se habrá dado cuenta de que están siempre impacientes por salir del gallinero al exterior y volver a este para dormir al final de la tarde, o tal vez para poner un huevo. Habiendo visto esto, es difícil creer que exista bienestar animal en las granjas de producción de huevos. Tampoco en las ecológicas, donde muchas veces las aves solo salen unas horas al día y a los dos años van al matadero.

3. Selección genética

Ya lo hemos mencionado al principio. Ningún ave pone 300 huevos al año, pero durante sus primeros años de vida, esto es real en las gallinas a las que se llama «ponedoras«. ¿Por qué?

Pues bien, esas gallinas ponedoras no existen en la naturaleza. Hemos convertido a los parientes más cercanos de los dinosaurios en máquinas de producción, gracias a la selección genética, igual que se ha hecho con las vacas llamadas «lecheras» o los perros salchicha. Una selección genética que también está presente en las gallinas de la vecina del pueblo y que conlleva que aparezcan ciertas enfermedades en los animales, los cuales, por supuesto, ningún ganadero va a tratar y no todos los veterinarios sabrán hacerlo. Porque es normal acudir a consulta con un perro enfermo, pero no con una gallina. Un animal considerado de producción.

Es por ello que muchos santuarios optan por poner implantes a estas aves para que no pongan huevos, porque como en muchos de ellos se menciona, las únicas gallinas felices son las que no los ponen.

4. Pollitos triturados

A la industria de los huevos solo le interesan las gallinas, que nacen en incubadoras. En estas, los pollitos se forman dentro del huevo gracias al calor artificial que sustituye a la temperatura en la que se encontrarían si una mamá gallina incubara el huevo. Dentro de las incubadoras, los huevos son movidos igual que lo haría su madre. De esta manera, la industria es capaz de criar a muchos más animales sin necesidad de gallinas.

Pero no todos los pollitos son hembras, y los machos no ponen huevos. Tampoco se dejan crecer para después asesinarlos por su carne porque para eso se utilizan pollos broiler, seleccionados genéticamente para engordar mucho en poco tiempo. Así que los pollitos que nacen macho acaban en trituradoras o en contenedores al poco tiempo de nacer.

Esta es una de las prácticas más criticadas de esta industria, así como la del hacinamiento en jaulas. Para esta última, hace años se vienen realizando campañas que piden a los supermercados que dejen de vender huevos de esta procedencia, y algunos ya lo han hecho. En cuanto a los pollitos triturados, países como Italia se han comprometido a prohibir esta forma de matar a los machos.

5. Corte de picos

Otra práctica habitual en las granjas de gallinas es el corte del pico de las aves cuando nacen. Con ello, se pretende evitar que los animales se piquen entre ellos debido al estrés que les provoca el hacinamiento en jaulas. También se hace para que las gallinas no tiren tanto pienso fuera de las jaulas cuando lo remueven para comer, lo cual es considerado un malgaste por la industria.

Una mutilación innecesaria que, una vez más, solo está pensada para el beneficio del ganadero, aunque este nos diría que es bienestar animal. Es cierto que en muchos países ya se ha prohibido cortar el pico a los polluelos destinados a la producción de huevos, pero en otros como España, se sigue realizando. También las gallinas que ha comprado la vecina del pueblo han sufrido este corte con menos de diez días.

Además, el corte del pico de las gallinas se realiza de una forma muy rápida y con cientos de animales, y son frecuentes los errores en los profesionales que lo hacen en cuestión de segundos. Esto puede provocar en las aves problemas irreversibles.

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