¿Es el movimiento animalista una moda de los últimos años, como algunas personas sostienen? ¿Somos las animalistas urbanitas que no tienen ni idea de los animales, como tantas otras también señalan? ¿O somos aquellas que vestimos a nuestros perros con chubasqueros mientras criticamos a los cazadores que sacan a los suyos al campo a perseguir liebres, como no dejan de apuntar otros tantos? ¿Son estas las preguntas, o más bien deberíamos preguntarnos si realmente los que no tienen demasiada idea de lo que es el movimiento animalista son quienes sueltan tales afirmaciones? Lo cierto es que a más de uno de estos últimos les vendría muy bien hacerse con alguno de los libros que mencionaremos a continuación.
Respondiendo a la primera cuestión que planteábamos, no, el movimiento animalista no es una moda. Como mínimo, podemos situar su origen en el siglo pasado, aunque encontramos antecedentes en las civilizaciones más antiguas.
Algunos investigadores hablan de las civilizaciones orientales como primeros antecedentes del animalismo. Algunos consideran el jainismo, religión de La India, el origen más remoto de este movimiento. También se ha puesto el foco en los primeros budistas.
En el mundo occidental, podemos localizar dichos antecedentes en la Grecia de la Antigüedad, donde personajes tan relevantes como Pitágoras (570 a.C.-490 a.C.) y sus seguidores, así como los seguidores del orfismo o Empédocles (484 a.C.-424 a.C.) ya se negaban a comer carne, si bien por aquel entonces, en algunos autores influían más las creencias religiosas que la empatía, la ética, el sentido del respeto hacia los animales o la consideración de estos como sujetos de derecho. Este rasgo es también común a pensadores de siglos posteriores, como los de la Edad Media.
De la misma manera, existieron posicionamientos similares en Roma, por ejemplo en los filósofos estoicos, neopitagóricos, neoplatónicos o el propio Ovidio (43 a.C.-17 d.C.).
Edad Moderna y siglo XIX
Ya en el siglo XVIII, el inglés Jeremy Bentham (1748-1832) publicó su obra Los principios morales de la legislación (1789), en la que aparece su célebre frase:
«La cuestión no es ¿pueden razonar? o ¿pueden hablar?, sino ¿pueden sufrir?»
Jeremy Bentham
En el mismo siglo, Mary Wollstonecraft (1759-1797) también se mostró crítica con el maltrato hacia los animales. A ella la siguieron las sufragistas del siglo XIX que se posicionaron contra la vivisección y los experimentos en animales que se habían hecho populares entre los científicos como forma de «avanzar» en sus investigaciones. Ejemplos de mujeres en esta lucha fueron Caroline Earle White (1833-1916), Frances Power Cobbe (1822-1904) o Marie-Françoise Martin (1819-1901).

También en el siglo XIX, destacó la figura de Arthur Schopenhauer (1788-1860), al que suelen aludir los investigadores del movimiento como uno de los antecedentes.
A finales de este siglo, aparecieron las primeras sociedades protectoras de animales, a menudo motivadas también por razones ambientalistas.
En el ámbito legislativo, en 1822, el Parlamento británico promulgó su ley contra la crueldad, conocida como «Ley Martin», pues su promotor fue Richard Martin. Esta norma prohibía el maltrato a los animales de tiro y otros espectáculos como las peleas de gallos. Dos años después, se creó la Real Sociedad para la Prevención de la Crueldad con los Animales (RSPCA). En 1876, una nueva ley contra la crueldad con los animales regulaba la experimentación con estos y prohibía a los cirujanos ingleses que practicaran con animales.
Surgimiento del veganismo
En 1944, surgió oficialmente el veganismo, cuando Donald Watson y varios compañeros que rechazaban la deriva que había tomado el vegetarianismo, fundaron la Vegan Society.
Algunos movimientos sociales de los años 60 también despertaron la conciencia con respecto al trato que se da a otros animales, y el vegetarianismo fue adoptado por algunas personas pertenecientes a estos. En Reino Unido, en los años 60 algunos grupos comenzaron a sabotear eventos de caza con perros, dentro de la Liga contra los Deportes Crueles.

Por su parte, el médico Albert Schweitzer (1875-1965) señaló a los animales como sujetos morales y construyó su teoría en base al respeto a la vida y a la voluntad de vivir de estos. Tras todos estos antecedentes, fue en la década de 1970 cuando eclosionó el movimiento animalista, sobre todo en Estados Unidos, Reino Unido y Australia. En su Manifiesto Animalista (2017), Corine Pelluchon expone las tres fases de dicho movimiento.
Etapas del movimiento animalista
La primera la sitúa en las años 70 y 80, con las aportaciones de Peter Singer (1946-) y Tom Regan (1938-2017), que sentaron las bases teóricas del animalismo. Se considera la obra Liberación Animal (1975), de Peter Singer, el punto de partida del movimiento. Después, otros autores han profundizado en la teoría y la han introducido en el derecho, la política, la sociología o el ecologismo. Todos estos autores han estudiado nuestra relación con los animales, el comportamiento de la sociedad con respecto a estos y su evolución a lo largo de la historia. También han surgido diferentes corrientes dentro del movimiento, como el utilitarismo, el bienestarismo o el abolicionismo.
Nació también en los años 70 el concepto de especismo, es decir, la discriminación en función de la especie a la que pertenece un individuo, acuñado por Richard D. Ryder (1940-). En contraposición, surge el antiespecismo, que aboga por una concepción igualitaria de todos los animales, sin distinción entre especies.
En 1977, la Liga Internacional de los Derechos del Animal proclamó la Declaración Universal de los Derechos del Animal. Y ya en 1983, Tom Regan publicó En defensa de los derechos de los animales, donde argumenta los motivos por los que los animales son sujetos de derecho.
En España, existen asociaciones de protección animal desde los años 70, aunque la primera organización abolicionista en el panorama nacional fue la Alternativa para la Liberación Animal, constituida en 1985.

La segunda fase del movimiento se contextualiza a partir de 1990. De esta etapa destaca Jacques Derrida (1930-2004), que profundizó en la causa y en nuestra relación con los animales a lo largo de la historia.
En 1993, Peter Singer, Jane Goodall y otros investigadores suscribieron el Proyecto Gran Simio, por el que se reconocen derechos básicos a los grandes primates: chimpancés, gorilas y orangutanes, los más parecidos evolutivamente a los seres humanos.
Actualmente, nos encontramos en la tercera fase, en la que el debate animalista ha llegado a la política y diferentes entidades de protección animal abogan porque esta cuestión sea tenida en cuenta por las instituciones y por la población en sus hábitos cotidianos.
Sin embargo, el concepto «animalista» a veces genera connotaciones negativas dentro del propio movimiento de liberación animal y no todo el mundo lo entiende desde el antiespecismo. Hay quienes consideran que animalismo y mascotismo son sinónimos, es decir, que las personas que se autodenominan «animalistas» en realidad solo se preocupan por los perros, gatos u otros animales con los que conviven. La realidad es que el animalismo es una posición contraria al mascotismo. De hecho, el movimiento animalista a día de hoy no se entiende sin un posicionamiento ético dentro del veganismo y el rechazo al especismo, que en las últimas décadas han motivado diferentes tipos de activismo.
Conclusión
¿Entonces es el movimiento animalista una corriente de nuestro tiempo? A pesar de que los antecedentes se remontan a siglos de antigüedad, podemos responder afirmativamente a esta pregunta. El sistema de explotación animal actual es tan violento que es inaceptable que pase ante nuestros ojos sin que nadie alce la voz. El movimiento animalista tenía que surgir, al igual que el veganismo o el antiespecismo, porque no podía ser de otra manera debido a la crueldad de ese sistema. Jamás se han producido alimentos de origen animal al ritmo que se hace actualmente, jamás ha habido tanta demanda y jamás se ha criado a tantos millones de animales con el único fin de convertirlos en filetes o de aprovecharse de su leche o huevos, sin olvidarnos de otras formas de explotación ajenas a la alimentación.

De igual manera, si en las sociedades antiguas surgieron voces contrarias a los sacrificios de animales por creencias religiosas, o si en el siglo XIX destacó el movimiento anti-vivisección es porque dichas sociedades habían normalizado actos tan descabellados que no podían pasar por alto.
Hay quienes creen que no estamos consiguiendo nada. Tampoco en Grecia y Roma dejaron de sucederse sacrificios pese a ser denunciados por algunos pensadores ni dejaron de organizarse espectáculos con animales salvajes en anfiteatros contra gladiadores. Pero al final, acabaron pasando a la historia. Está claro que los movimientos sociales sí consiguen objetivos, pese a no ser inmediatos.
FUENTES CONSULTADAS
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Amo, R. (2017). Viaje a las entrañas del animalismo. Bioètica y debat, 23(80), pp. 9-13.
Cejudo, C. E. (2015). El movimiento de liberación animal como fundamento ideológico del proceso de reconciliación hombre/naturaleza. XI Jornadas de Sociología. Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires.
Díaz, E. (2012). Perfil del vegano/a activista de liberación animal en España. Revista Española de Investigaciones Sociológicas, 139, pp. 175-187.
López, J. L. (2022). Reparar el mundo. Análisis. Revista de Investigación filosófica, 2(9), pp. 435-439.
Méndez, A. (2020). América Latina: movimiento animalista y luchas contra el especismo. Nueva Sociedad, 288, pp. 45-57.
Provegano. Historia y origen del veganismo.


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