Historia: espectáculos con animales en Roma

Por todos y todas son conocidos ciertos espectáculos con animales en Roma, pero hoy quisiera profundizar un poco más en este tema y ver con más detalle cómo eran utilizados estos en diferentes ámbitos del ocio de la época. No es la primera vez que hablamos de Roma en esta sección. Ya lo hicimos viendo las diferentes teorías filosóficas que tuvieron en cuenta a los animales en este momento de la historia, unos planteamientos un tanto sorprendentes si tenemos en cuenta lo que viene a continuación.

Cuando pensamos en espectáculos de la antigua Roma, rápidamente nos vienen a la cabeza animales como leones o tigres, así como un escenario concreto: el Coliseo romano, famoso anfiteatro que fue inaugurado en el año 80 d.C., en tiempos del emperador Tito (39-81). Con este motivo, las celebraciones, según se ha narrado, duraron 100 días, en los que se derramó la sangre de 9000 especies salvajes a manos de cazadores profesionales (venatores). Datos como este contrastan con el gusto de los romanos por los animales de compañía o por las colecciones de algunas especies. La extrema crueldad con los animales y la magnitud de este tipo de eventos difiere notablemente de otras civilizaciones, como la griega, la persa o a egipcia.

En el Coliseo, con una capacidad para 80000 espectadores, y en otros anfiteatros, circos o plazas, con cualquier celebración como excusa, y de forma bastante habitual, los espectáculos podían durar días enteros, y podía asistir cualquier persona de forma gratuita. Estos eventos se popularizaron, principalmente durante la época del Imperio Romano, cuyo inicio se sitúa en el año 27 a.C., con el emperador Augusto (63 a.C.-14 d.C.), aunque algunas de las prácticas ya se realizaban en tiempos de la República. Los organizadores eran personas influyentes como ediles o pretores que trataban de ascender políticamente tras ganarse el favor del público, y cuanto más impresionantes fuesen esos espectáculos, más fácil lo tendrían.

Precisamente, el citado emperador Augusto dividió esos eventos festivos en tres partes. Por la mañana, tenía lugar la cacería de animales o lucha de hombres contra especies salvajes (venationes); después, se ejecutaba a los condenados a muerte de manera pública (damnatio ad bestias); y al final, tenían lugar las luchas de gladiadores. Los espectáculos fueron ganando en dramatismo con el paso del tiempo.

La primera cacería pública de la que se tiene constancia fue ofrecida por el edil Marco Fulvio Nobilior, en el año 186 a.C., con panteras y leones.

Durante las venationes, la arena del Coliseo se llenaba de animales como jabalíes, lobos, perros, toros, osos o ciervos, en un principio, pero a medida que el Imperio fue creciendo, comenzaron a llevar también animales exóticos desconocidos para los ciudadanos. Hablamos de leopardos, hienas, cocodrilos, tigres, elefantes, panteras, hipopótamos o rinocerontes, entre otros. Los animales eran capturados y transportados a Roma durante largos trayectos por tierra o por mar, con abundante comida y agua para evitar que murieran (no tanto por el bienestar de los animales, sino por el deseo de mostrar a los ciudadanos el poder del Imperio) y para que pudieran después ser exhibidos o utilizados en estas venationes. También había personas procedentes de los diferentes lugares ocupados por el Imperio, una forma de demostrar el alcance de Roma, su superioridad y su poder sobre los humanos y toda la naturaleza de dichos lugares. Esta puede ser una explicación a la falta de compasión por los animales entre el público, ya que los vinculaban con pueblos enemigos que amenazaban continuamente sus fronteras.

Los animales se encerraban en lugares llamados vivariums, y antes de soltarlos en la arena, eran «entrenados» a base de torturas. Al final, su destino era siempre la muerte, independientemente de la modalidad del espectáculo.

En ocasiones, los propios emperadores eran los cazadores. Por ejemplo, Cómodo (161-192)mató, en una tarde, a cinco cocodrilos, dos elefantes, una jirafa y varios rinocerontes, eso sí, desde una caja imperial que lo protegía y que había sido construida especialmente para él.

Salvo ese tipo de excepciones, la caza en el anfiteatro era practicada únicamente por personas específicamente entrenadas para ello, y los animales más fuertes, como los grandes felinos, se reservaban para la damnatio, la ejecución de aquellos que estaban condenados a muerte, algo que formaba parte de los espectáculos romanos desde el siglo II a.C. Aunque en Roma existían otras formas de ejecutar a personas condenadas, esta en concreto se utilizaba con esclavos, enemigos extranjeros o culpables de ciertos delitos, como el de asesinato. Estos prisioneros eran atados a un poste en medio del anfiteatro, se les desnudaba casi por completo y se soltaba al animal que lo mataría. Si esto no ocurría, un auxiliar se encargaba de zarandear al condenado para intentar que el animal fuera por él. Tras la ejecución, el animal era sacrificado ante el público.

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Las ejecuciones públicas, con el tiempo, comenzaron a ser tan frecuentes que empezaron a parecer aburridas a los asistentes. Así, se introdujeron los Dramas Mitológicos, en los que se ponían en escena representaciones de mitos como el de Orfeo durante las damnatio. En ocasiones, se disfrazaba al prisionero de personajes como este, y otras veces, había actuaciones de cómicos que imitaban luchas de gladiadores.

También se organizaban, en estos escenarios, luchas entre animales, con la pretensión de atraer al público lo máximo posible. Por ello, podían soltarse en la arena un elefante y un toro, una foca y un leopardo, un cocodrilo y un león, un rinoceronte y un oso, un tigre y un león, varios animales de la misma especie, etc. A veces, incluso eran atados unos con otros. Al final, se dejaba un espacio de tiempo para una cacería. Pero los animales no siempre se mostraban fieros, tal y como esperaba el público. Y es que, como es evidente, era muy normal que estuviesen asustados o débiles después del largo viaje y el cautiverio, y no siempre salían de las jaulas en que se mantenían cuando estas eran abiertas para el espectáculo. En estos casos, los domadores trataban de hacer que salieran a base de pinchazos, antorchas, o incluso «atormentando a sus crías», tal y como narró Séneca.

Además, se realizaban luchas entre animales y humanos, en un principio gladiadores; después, delincuentes; y más adelante, cristianos. Los animales eran casi siempre tigres o leones a los que no se le prestaba alimento alguno durante días para que atacasen con más fiereza a los humanos.

Otro espectáculo en el que se usaban animales eran las carreras de carros tirados por caballos, competiciones en las que muchas veces, tanto los aurigas como los animales morían o quedaban malheridos.

Extinciones

De media, cuatro animales morían cada día en estos festejos, y 5000 cada año. Así, los espectáculos con animales en Roma tuvieron consecuencias irreversibles. Y es que algunos desaparecieron, como los elefantes y otras especies en el norte de África, los leones de Grecia o las avestruces de Jordania. ¿Y qué hicieron los romanos en esas tierras donde antes había diversidad en cuanto a fauna? Convertirlas en tierras de cultivo, sobre todo de maíz y olivos.

La desaparición de algunas de esas especies conllevó ciertos cambios en los espectáculos romanos, y comenzaron a ponerse de moda la exhibición de cazadores que hacían piruetas delante de animales o saltaban sobre ellos.

Ninguno de esos espectáculos era visto como cruel y era algo aceptado por la población general. Además, gozaban de justificación jurídica y de la aprobación de personajes influyentes y de los propios emperadores, como Calígula (12-41), Trajano (53-117) o Justiniano (482-565), que todavía en el año 539, decretó que los cónsules debían ofrecer cacerías al pueblo.

Pese a ello, también hubo voces discordantes, como la de Cicerón (106 a.C.-43 a.C.), que se negó a capturar animales para los juegos en su provincia y abogó por la conservación de especies nativas; o el propio Séneca (4 a.C.-65 d.C), que sí se mostró sensible ante el evidente maltrato animal. También algunos de los primeros cristianos condenaron estos espectáculos, como Tertuliano (160-220), a causa de las incontables pérdidas de vidas humanas y no humanas.

Además, el rey Ptolomeo de Mauritania (1 a.C.-40 d.C.), llegó a cerrar el puerto de Hippo, impidiendo, de esta forma, el traslado de animales exóticos hacia Roma. Este rey también promulgó una ley para proteger a los animales, aunque el daño ya estaba hecho y la norma no evitó la desaparición de especies del norte de África.

A modo de curiosidad, no fue hasta el año 435 cuando tuvo lugar el último combate entre gladiadores en el Coliseo de Roma. Décadas después, en el 476, cayó el Imperio Romano de Occidente.

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FUENTES

Castillo, E. (2020). El Coliseo de Roma, gladiadores y luchas de fieras. Historia. National Geographic.

Molina, J. A. (2018). Los derechos de los animales: de la cosificación a la zoopolítica. Universidad Externado de Colombia.

Muñoz-Santos, M. E. (2016). Animales in Harena: Los animales exóticos en los espectáculos romanos. Editorial Confluencias.

Muñoz-Santos, M. E. (2017). Sangre en la arena: animales en la antigua Roma. Antigua Roma al Día.

Super Curioso. La crueldad de los espectáculos de la antigua Roma.

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