«¿Y los empleos que genera la industria cárnica?»

«¿Y qué pasa con los puestos de trabajo de todas las personas que viven de la industria cárnica?» Es una pregunta que me repiten bastante y que más que una pregunta suena a excusa para perpetuar un sistema de explotación y maltrato hacia los animales. Esta cuestión sirve a mucha gente para justificar lo que hacemos al resto de individuos sintientes, no solo en la industria cárnica, sino también en la láctea, la de los huevos o la tauromaquia. ¿Dirán lo mismo de la gente que vive de la carne de perro en algunos países de Asia? ¿Dirán lo mismo de las personas que viven del tráfico de armas o de drogas? ¿Dirán lo mismo de quienes viven de la trata de seres humanos? ¿Dirán lo mismo de todos aquellos que vivían de la esclavitud hasta que esta fue abolida?

Ninguna forma de ganarse la vida es eterna

A lo largo de la historia, han existido muchos oficios que daban de comer a familias enteras y que ya no existen, porque inevitablemente, la sociedad evoluciona. Por ejemplo, hasta la década de 1970, en España había serenos, personas que vigilaban las calles y eran las encargadas de guardar las llaves de los portales y abrir la puerta a los vecinos. En algunos lugares del mundo, también existieron cortadores de hielo, pues no había técnicas de refrigeración como las actuales; o cazadores de ratas, que iban capturando a estos animales en las ciudades porque se pensaba que eran transmisores de enfermedades; o pregoneros que informaban a la población de las últimas noticias, algo que ya no es necesario porque existen los medios de comunicación e Internet; u operadoras en las centrales telefónicas que posibilitaban las llamadas.

Pero esos empleos formaban parte de negocios a los que, a priori, no podemos realizar ningún cuestionamiento ético, y simplemente han dejado de existir porque la tecnología ha avanzado, al igual que la sociedad. Sin embargo, la industria cárnica no tiene nada de ética, por lo que si algún día fuésemos todos veganos, seguramente la recordaríamos como algo turbio, al igual que la esclavitud que, por cierto, ha sido legal en muchos momentos de la historia, muchas veces sin ser cuestionada y con la aceptación de la sociedad. Es algo similar a lo que ocurre hoy con la industria de la explotación animal.

En la actualidad, también hay empleos que están desapareciendo o hemos visto desaparecer en los últimos años. Por ejemplo, en muchas gasolineras ya no hay trabajadores, sino que son los propios clientes los que se encargan de repostar y hacer el pago a través de máquinas. Y por no salirnos del tema de la industria cárnica, cada vez quedan menos ganaderías en los pueblos. Los ganaderos mayores se jubilan y no hay relevo generacional, entre otras cosas, porque el mundo rural está envejecido y la juventud tiende a trasladarse a ciudades o a ejercer otros trabajos más alejados de los tradicionales del campo. Pero como esto es un negocio, los empresarios cárnicos siguen empeñados en construir granjas que contaminan nuestros pueblos, así que mucho me temo que por más ganaderos que se jubilen, no será ese el motivo que lleve, algún día, al fin de esta industria macabra, si es que ese fin llega realmente.

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Reconversión

Pero para responder a la pregunta-excusa que planteaba al principio, pongámonos en ese ansiado escenario: la abolición de la explotación animal en el sector cárnico, lácteo o avícola. El mundo no será vegano de un día para otro, sino que este será un proceso bastante largo y dicho escenario no tiene porqué ser caótico ni arruinar nuestra economía. La clave es la reconversión. De algún modo u otro, todos los negocios se han tenido que reinventar en algún momento. Antes, los periódicos se imprimían en papel, ahora apenas se venden impresos, por lo que el sector ha tenido que transformarse hacia el entorno digital. De la misma manera, un ganadero que ha vivido toda su vida de esta actividad y no conoce otro oficio, puede reconvertirse a otras tareas vinculadas al campo, como la agricultura.

Si hablamos de los trabajadores en mataderos, tenemos que ir más allá, ya que estas personas suelen ser inmigrantes contratados en condiciones muy precarias, por lo que aquí hay que arreglar otras cuestiones además de la explotación animal. Estoy segura de que estos trabajadores aceptarían sin pensarlo cualquier otro empleo en mejores condiciones, y en un ambiente más higiénico, porque recordemos que los mataderos han sido focos de contagio de la COVID-19. El trabajo precario, en cualquier sector, es una lacra que hemos de erradicar, y la industria cárnica sabe mucho sobre este tipo de empleos.

Si nos referimos al transporte, siempre habrá algo que transportar. Si no son animales o productos derivados de estos, serán otras mercancías. Y con respecto a las denominadas macrogranjas, existe la falsa creencia de que estas son positivas para crear empleo, pero esto es rotundamente falso, ya que las granjas más pequeñas asentadas en el mismo territorio cerrarán mientras una ganadería más grande abre para contaminar todo el entorno natural del pueblo. Por supuesto, ninguno de los dos modelos es bueno, ya que en ambos hay explotación. De hecho, la instalación de una granja es motivo suficiente para alejar turistas y otros negocios que quieran asentarse en ese lugar, así que no, no generan empleo, más bien lo destruyen.

Pero esto no se trata de fastidiar a las personas que viven de la industria cárnica, y estas no deben verse afectadas económicamente en el hipotético caso de que esta fuese abolida, porque todo cambio debe venir acompañado de medidas gubernamentales que apoyen esa reconversión. Un ejemplo muy claro es el de la tauromaquia. Es fácil pronosticar el fin de esta aberración, al menos en España, ya que cuenta con un rechazo social importante y el sector está en su peor momento. ¿Qué pasaría con los ganaderos en las dehesas? Me inclino a pensar que podrían seguir realizando su trabajo porque las dehesas son espacios protegidos y ninguna prohibición de las corridas de toros va a venir acompañada de la pérdida de nuestro patrimonio natural, y esto es algo que saben los gobernantes que hacen las leyes. Los empresarios taurinos podrían hacerse un hueco en el sector de los eventos culturales (los que sí son cultura); y los toreros, comenzar a ganarse la vida de una manera que no sea asesinando animales. Tendrían hasta mejor imagen.

Como digo, esto no va de arruinar a las familias que viven de la ganadería, sé que muchas lo hacen porque es lo que han conocido siempre, y otras, porque han visto un negocio, pero la sociedad cada vez es más consciente de la explotación animal y, de alguna manera, esto acabará provocando cambios. Pero incluso en el propio negocio de la carne, ya se están elaborando filetes, hamburguesas y quesos en laboratorios, y esto, tarde o temprano, nos guste o no nos guste, comenzará a hacerse de una forma menos costosa y podría ser una realidad en el futuro. Por eso, es importante recalcar la importancia de la acción de los gobiernos para que el proceso beneficie a todo el mundo, y tanto a animales no humanos como humanos.

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